
Es cierto, la situación no es tan mala, pues se tuvo la oportunidad de estar en la reclusión de mujeres de Cali, charlar con algunas de las guardias y las reclusas y, ver cómo convivían y qué trabajos hacían en este espacio.
No la pasan tan mal como muchos podrían creer. Se divierten, estudian y trabajan; es más, algunas han tenido la posibilidad de crear una especie de microempresas mientras están como reclusas y, continúan laborando cuando ya están en libertad.
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